domingo, 25 de abril de 2010
Millones de recuerdos.
Hay muchos tipos de recuerdos. Los de añoranza, en los que deseas volver a vivirlo tal y como era. Los de felicidad, en que con sólo pensarlos eres capaz de reírte tú sólo. Hay recuerdos que duelen demasiado como para ser pensados y otros que te remueven, pero que con el paso del tiempo te hacen aprender. Hay otros que duelen, pero porque ves como todo cambia tan rápido que no te das ni cuenta. Y hay recuerdos felices que aunque sabes que no se volverán a repetir te ponen una sonrisa en la cara. Tenemos miles de recuerdos de nuestra infancia, a los que nos agarramos como un clavo ardiendo. Hay veces que uno necesita volver a esos recuerdos, y te metes en un laberinto del que es imposible salir. Piensas que no pasa nada por recordar un gesto, una caricia o una palabra… Pero sí pasa. Normalmente, a mí me pasa los domingos lluviosos… Lo digo sólo por si quieres venir a recordar conmigo.
lunes, 5 de abril de 2010
Confesión de amor.
Lily no podía dejar de pensar, de recordar, de revivir... Y así llevaba todo el día encerrada debajo de sus sábanas, sin poder cerrar las compuertas de sus ojos dejando salir ríos y ríos de agua salada y pensando en algo que nunca pudo ser. Llevaba media vida intentando olvidar algo que no había pasado, intentando olvidar a alguien con el que jamás tuvo una historia de amor, intentando ver a esa persona como un simple amigo y que cualquiera de los hombres que se metían en esa cama pudiera sustituir ese amor tan irreal... Pero en realidad ella no quería olvidar nada de eso, porque sabia que con él era con el único que ella podría ser feliz, porque sabía que esa cama le pertenecía más a él que a todos los hombres que habían pasado por ella juntos, porque sabía que esa sonrisa era la única que podía animarla en días como esos... Bueno, y si no era esa sonrisa sólo sería capaz de hacerlo unas buenas galletas de chocolate (ya, total, no la iba a doler más). Cuando la casa se lleno de ese irresistible, y a la vez triste, olor a galletitas sonó el timbre, y seguro que sabéis quien estaba allí como si de telepatía se tratara (y es que ya he dicho mil veces que el destino es cruel). La cara de preocupación de Pedro cuando vio la cara de pena de Lily no se puede explicar con palabras (sólo os la imaginaríais si la hubierais visto), pero él no dijo ni una sola palabra sólo la abrazo mientras la decía "Mi princesa, todo saldrá bien sea lo que sea", y consiguiendo que ella volviera a abrir las compuertas de sus ojos que había conseguido cerrar durante un ratito. Después (sin preguntar por qué) los dos se pusieron a hacer galletas, en silencio. De vez en cuando Pedro le dedicaba una de sus mejores sonrisas a Lily para ver si conseguía pegársela de tal manera que dejara de llorar, pero parecía un trabajo imposible porque aunque lo conseguía durante unos momentos después hacía que se triplicaran las lágrimas. Cuando las galletas estuvieron listas los dos (sin que nadie lo dijera, si no como costumbre) se fueron a la habitación de Lily.
-¿Por qué tienes la cama desecha a estas horas de la tarde? ¿Tuviste a un amiguito hoy? –pregunto Pedro intentando averiguar el motivo de tanto llanto-.
-No, sólo necesitaba estar tumbada a solas.
-Si molesto me voy, sólo tienes que pedirlo… Pero creo que te vendría mejor hablar porque no es normal que todos los veintitrés de cada mes te pase esto, y lo único que quieras es comer galletas de chocolate aquí sola echando a cualquiera que pretenda ayudarte. Joder, Lily, que estoy aquí para lo que necesites.
-No creo que me puedas ayudar… Además es un secreto.
-¿Un secreto tuyo?
-Sí, un secreto mío, sólo mío.
-Si ese es el problema empiezo yo –Dijo él metiéndose en la cama con ella mientras la abrazaba y se comía una galleta-. Pero es un secreto, me tienes que prometer que no contarás nada.
-Puedes confiar en mí.
-Siento algo muy fuerte por alguien desde hace mucho tiempo… Aunque parezca imposible cada día que pasa la veo como algo más de lo que ya era. La gente lo llama amor, yo creo que a estas alturas es más que eso. Y es que ahora no sé lo que debo de hacer porque este sentimiento me sobrepasa y soy incapaz de no pasarme el día pensándola, mirándola… Porque a pesar de ser imposible con sólo un roce tonto, aparentemente vacío de significado, consigue hacerme soñar.
-¿Quieres saber mi secreto?
-Si quieres contármelo...
-Yo también siento lo mismo… Por ti…
-No, joder, Lily… ¿Estas así por mí? Eso no tenía que ser así porque yo quiero quererte, te juro que es lo que más quiero en ese mundo… Pero soy incapaz. Adoro tu caminar, tu manera de hablar y como cuando te paras a pensar te tocas el pelo y te haces pequeños ricitos sin ni siquiera darte cuenta. –La dijo acariciándola la mejilla-. Me encanta que todas las mañanas (aunque sea la peor de tu vida) me preguntes qué tal todo, y me dediques una sonrisa escuchando cualquiera de mis historias. Pero jamás te podré querer como la quiero a ella.
Cuando dijo esto la miro a los ojos, esperando su reacción. De los ojos de la chica caían lágrimas pero ahora parecía más un cuentagotas que una cascada. Llevaba muchísimo tiempo esperando para decírselo, sabía que no era el mejor momento pero no quería escuchar de su boca que estaba enamorado de su “querida” hermanastra. Entonces cogió fuerzas (aunque no se de dónde), volvió a reponerse convirtiendo sus sentimientos en hielo (o eso parecía aparentemente) y dijo algo que estoy segura que supondría una noche de bares y alcohol.
-Si no intentas quererme, ¿cómo vas a saberlo? Si sólo piensas en el pasado, sin darte cuenta de que tu presente sigue aquí, de que yo sigo aquí, y que de seguramente seguiré aquí siempre. Pero puede que yo también me dé cuenta de que me quede en el pasado, y entonces, seguramente, me perderás para siempre y te darás cuenta de que me querías, a tu manera, pero me querías.
-¿Por qué tienes la cama desecha a estas horas de la tarde? ¿Tuviste a un amiguito hoy? –pregunto Pedro intentando averiguar el motivo de tanto llanto-.
-No, sólo necesitaba estar tumbada a solas.
-Si molesto me voy, sólo tienes que pedirlo… Pero creo que te vendría mejor hablar porque no es normal que todos los veintitrés de cada mes te pase esto, y lo único que quieras es comer galletas de chocolate aquí sola echando a cualquiera que pretenda ayudarte. Joder, Lily, que estoy aquí para lo que necesites.
-No creo que me puedas ayudar… Además es un secreto.
-¿Un secreto tuyo?
-Sí, un secreto mío, sólo mío.
-Si ese es el problema empiezo yo –Dijo él metiéndose en la cama con ella mientras la abrazaba y se comía una galleta-. Pero es un secreto, me tienes que prometer que no contarás nada.
-Puedes confiar en mí.
-Siento algo muy fuerte por alguien desde hace mucho tiempo… Aunque parezca imposible cada día que pasa la veo como algo más de lo que ya era. La gente lo llama amor, yo creo que a estas alturas es más que eso. Y es que ahora no sé lo que debo de hacer porque este sentimiento me sobrepasa y soy incapaz de no pasarme el día pensándola, mirándola… Porque a pesar de ser imposible con sólo un roce tonto, aparentemente vacío de significado, consigue hacerme soñar.
-¿Quieres saber mi secreto?
-Si quieres contármelo...
-Yo también siento lo mismo… Por ti…
-No, joder, Lily… ¿Estas así por mí? Eso no tenía que ser así porque yo quiero quererte, te juro que es lo que más quiero en ese mundo… Pero soy incapaz. Adoro tu caminar, tu manera de hablar y como cuando te paras a pensar te tocas el pelo y te haces pequeños ricitos sin ni siquiera darte cuenta. –La dijo acariciándola la mejilla-. Me encanta que todas las mañanas (aunque sea la peor de tu vida) me preguntes qué tal todo, y me dediques una sonrisa escuchando cualquiera de mis historias. Pero jamás te podré querer como la quiero a ella.
Cuando dijo esto la miro a los ojos, esperando su reacción. De los ojos de la chica caían lágrimas pero ahora parecía más un cuentagotas que una cascada. Llevaba muchísimo tiempo esperando para decírselo, sabía que no era el mejor momento pero no quería escuchar de su boca que estaba enamorado de su “querida” hermanastra. Entonces cogió fuerzas (aunque no se de dónde), volvió a reponerse convirtiendo sus sentimientos en hielo (o eso parecía aparentemente) y dijo algo que estoy segura que supondría una noche de bares y alcohol.
-Si no intentas quererme, ¿cómo vas a saberlo? Si sólo piensas en el pasado, sin darte cuenta de que tu presente sigue aquí, de que yo sigo aquí, y que de seguramente seguiré aquí siempre. Pero puede que yo también me dé cuenta de que me quede en el pasado, y entonces, seguramente, me perderás para siempre y te darás cuenta de que me querías, a tu manera, pero me querías.
sábado, 20 de marzo de 2010
Un ¿final? semiamargo.
-Lo que no entiendo es por que si sabíamos que era imposible evitar su final no lo dejamos estar, lo tendríamos que haber olvidado y punto. Ahora todo sería mucho más fácil.
-Porque lo que era imposible era dejarlo estar, a pesar de las consecuencias los dos nos queríamos y eso no lo puede parar nadie, y menos nosotros. ¿En serio crees que sería más fácil? Sólo nos habríamos mentido y yo no quiero mentirte… Tú sabes que las cosas no serían más fáciles aunque nos hubiéramos “ignorado” porque yo tendría que seguir mirando a otro lado cada vez que nos cruzáramos para no comerte a besos por cualquier lugar y tu seguirías llorando todos los amaneceres recordando lo que pudo suceder pero no sucedió…
-Pero yo sigo llorando cada amanecer y tú negándome la mirada cuando nos cruzamos.
-Pero es diferente… Tú lloras por los recuerdos y cada mirada a escondidas que intercambiamos vale más que un millón de besos juntos.
Tú sabes que te quiero y eso lo cambia todo.
-Porque lo que era imposible era dejarlo estar, a pesar de las consecuencias los dos nos queríamos y eso no lo puede parar nadie, y menos nosotros. ¿En serio crees que sería más fácil? Sólo nos habríamos mentido y yo no quiero mentirte… Tú sabes que las cosas no serían más fáciles aunque nos hubiéramos “ignorado” porque yo tendría que seguir mirando a otro lado cada vez que nos cruzáramos para no comerte a besos por cualquier lugar y tu seguirías llorando todos los amaneceres recordando lo que pudo suceder pero no sucedió…
-Pero yo sigo llorando cada amanecer y tú negándome la mirada cuando nos cruzamos.
-Pero es diferente… Tú lloras por los recuerdos y cada mirada a escondidas que intercambiamos vale más que un millón de besos juntos.
Tú sabes que te quiero y eso lo cambia todo.
domingo, 28 de febrero de 2010
En el fondo me encantas.
Me gusta estar contigo.
No sé si es por tu manera de mirarme, o porque cuando sonríes los mofletes se te vuelven irresistibles, o que a tu lado todo parece más sencillo y mejor. Y la verdad tampoco me importa, sólo sé que podría pasarme una eternidad a tu lado, solos tú y yo, encerrados en mi cuarto y me parecería la mejor forma de vivir. Porque sólo cuando estoy contigo veo sentido a mi vida. Porque nadie, excepto tú, es capaz de hacerme sonreír de oreja a oreja y es que lo haces con una facilidad que me sorprendes. Porque en tu mirada yo me puedo perder durante horas, y porque cuando lloro con sólo un abrazo tuyo todo parece solucionarse.
PD: Lo siento por no pasarme por vuestros blogs durante bastante tiempo, estuve muy liada de examenes. Espero poder ponerme al día pronto. Un besazo y gracias por seguir comentando :)
lunes, 15 de febrero de 2010
Y ahora sólo soy un puzzle incompleto.
Comprendí demasiado tarde lo mucho que te amaba. No sé en que momento exacto me di cuenta de que te necesitaba más que al aire. Puede que fuera mientras dormías y yo era incapaz de mirar a otro lado que no fueras tú. O tal vez cuando me demostraste, por decimoquinta vez, que siempre estarías a mi lado haciéndome sonreír aunque se cayera el mundo a nuestro alrededor. A lo mejor fue el día en que me di cuenta de que tu sonrisa lo iluminaba todo y no me hacia falta nada más, o cuando nos pasamos una noche entera mirando a las estrellas. Tal vez fue el día en el que mi cuarto se convirtió en el lugar dónde contarnos nuestros secretos. Quizás el día que intercambiamos un guiño por una sonrisa y sentí al mundo detenerse.
Pero lo más seguro es que me diera cuenta cuando te vi alejarte de mí sabiendo que no volverías jamás y noté como mi corazón se partía en cien cachos, como un puzzle que sabes que te será imposible reconstruir porque perdiste una pieza. Y para cuando me di cuenta de que tú eras esa pieza ya era muy tarde y tú ya habías olvidado que en algún momento ambos completábamos el puzzle del otro y habías encontrado otra pieza que encajaba mejor que yo, dejándome a mi incompleta…
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
