martes 14 de febrero de 2012

Los polos opuestos se atraen.

Es que nuestra historia es eso, un “si me dices ven, lo dejo todo”, un “vete a la mierda y olvídame”, un “vuélveme a querer y olvidémonos que el mundo sigue moviéndose ahí fuera sin nosotros”. Es la historia de volver a empezar, la historia interminable. Es un “quiéreme mucho y ahora, porque sino en cinco minutos tendré otros labios en mi cuello y otra ropa tirada en mi suelo”. Es la eterna necesidad de sentirnos vivos, un toma y daca en toda regla. Es un continuo "ven conmigo y mañana iré yo a ti". El típico te necesito a todas horas, pero sólo unos minutos. Sé a ciencia cierta que mucha gente no soportaría esto, es más, siendo totalmente sincera: mil veces he decidido que esto debía acabar. Pero mil y una me he arrepentido, pero mil y una me has sonreído. Porque eso es lo bueno de lo nuestro que puedo odiarte como no he odiado jamás a nadie, puedes sacarme de quicio y puedo llamarte cosas que jamás me perdonaría, puedo romper todos los jarrones de la casa y después las fotografías en las que salgas tú… Pero sé que no tardare ni cinco minutos en volver a pegarlas. Y a ti te doy diez para aparecer en la puerta de casa con un -soy idiota- en la frente. O a lo mejor esta vez te da por llenarme el portal con post-its dándome las cien razones por las que tú y yo somos inseparables. Porque tal vez tengas razón y soy el puto polo Norte del imán pero tengo la suerte de saber que tú eres mi Sur. Porque dicen que el aceite y el agua no se pueden mezclar, pero eso es porque no han removido lo suficiente. Porque yo sé que sin Yang no habría Ying, y porque ya no me imagino mi vida sin ti. Que no pueden hablar de que lo nuestro es imposible cuando hasta el Sol y la Luna hacen mil virguerías por estar juntos.

miércoles 29 de junio de 2011

Confesiones.

Debo confesar que tengo los relojes atrasados una hora para estar en su horario y sentirme a su lado; que he dicho mil veces que me rendía y mil y una que le quería; que tal vez la cabeza me pida tirar la toalla pero el corazón sabe que esa no es una opción posible; que he podido llorar lo inllorable, esperar lo inesperable y explicar lo inexplicable pero todo se ve recompensado con una de sus sonrisas; que cuando me hundo con sólo una de sus palabras todo parece mejorar; que mi vida gira alrededor de él aunque la suya este a años luz de la mía; que echarle de menos se ha convertido en el pan de cada día y el hambre de cada noche; que hasta el más mínimo detalle me lleva a pensar que no le tengo a mi lado; que sé que esto no va a acabar como las típicas historias de amor; que la distancia lo acaba pudiendo con todo, hasta con las ganas de querer; que la lluvia me empapa los huesos si no le tengo a mi lado; que los lunares de su espalda cada día los recuerdo más pequeños; que no creo en el amor, que creo en él.

martes 7 de junio de 2011

El vendaval del amor.

La casa estaba vacía, bueno no, estaban ellos que llenaban y arrasaban todo aquello que se encontraban, el vendaval del amor les llamaban algunos. Estaban de pie, frente a la chimenea, ella con los ojos vendados y él con una sonrisa temerosa (¿quién sabe? –pensaba- a lo mejor la idea de irse a vivir a su ciudad podía no convencerla. Iluso de él, la chica había soñado con eso desde la primera mirada que cruzaron).
-Quítate la venda –la dijo mientras posaba la mano en su hombro-.
-¿Qué hacemos en esta casa?
-No se dice esta casa, se dice nuestra casa -articulo muy lentamente-.
-¿Cómo que nuestra casa? ¿Estás loco?
-Por ti.
-¿Y qué haremos con la hipoteca?
-No lo sé.
-¿Y con mis padres?
-No lo sé.
-¿Y con los tuyos?
-No lo sé.
-¿Y qué sabes?
-Que quiero estar contigo, ¿te vale?
-Me sobra.

Pero nunca les sobraría sonrisas, besos y abrazos. El "buenos días, princesa" que decidió pintar en el techo de su cuarto, y como ella contraataco cambiando el nombre del azucarero por "lo más dulce de esta casa eres tú". Las guerras de mensajes escritos en el espejo del baño mientras el otro se duchaba, aunque aquí siempre ganaba el que decidía pasarse por agua también, porque como él decía "las cosas bonitas no lo son si no estás tú escuchandolas".

lunes 28 de marzo de 2011

Miedo.

¿Sabes lo qué es sentir miedo? Todo el mundo lo ha sentido alguna vez… Miedo a quedarse solo aun estando rodeado de gente, miedo a que te engañen, te mientan o te defrauden. Miedo a no dar lo que se espera de ti, miedo a perder todo aquello que quieres, miedo a esperar algo que a lo mejor nunca llega y a que se te borre la sonrisa de la cara. Miedo al amor, a los payasos, a la pérdida, al rechazo, a la soledad, a las arañas o a los aviones. Hay muchas clases de miedo y cada uno intenta superarlo como puede, pero yo tengo un antídoto… ¿Sabes cuál es? Tu sonrisa. Después ningún miedo es lo suficiente valiente como para hacerme un nudo en el estómago y si se cree capaz de conseguirlo tiene la batalla perdida porque es sabido de aquí a la luna que si tengo tu sonrisa soy la más fuerte del mundo así que los sacaría a patadas y luego me tomaría un batido. De chocolate. ¿Y para comer? ¿Qué te parece los lunares de tu espalda?

Y ahora los miedos se esconden debajo de la cama.
Y tú y yo nos tumbamos encima.

jueves 3 de marzo de 2011

Tú y tus estúpidos juegos.

No sé si te acuerdas, no sé si deberías acordarte… Sólo sé que aquel día estaba totalmente destrozada y que lo único que quería era llorar. No te imaginas el bien que me hiciste sin darte cuenta, o tal vez sí que lo sabías y por eso lo hiciste (sí, eso es más típico en ti). Sólo recuerdo que no había manera de sacarme una sonrisa, que lo único que quería era desaparecer e inundar mi cama en lágrimas, contarle a mi almohada que quería huir al algún lugar perdido y gritarle a mis paredes que todo era una puta mierda pero tú conseguiste hacerme reír como si nada importara. Tú y tus estúpidos juegos. Y entonces fue cuando me di cuenta: no me importaba nadie más que no fueras tú, no quería que otra persona tuviera ese efecto en mí, no quería perderte… Sólo quería pasarme el resto de mi vida en cualquier banco, sentada a tu lado, jugando a cualquier cosa que se te ocurriera, sintiendo tus pestañas en mi mejilla, tu brazo en mi hombro o tu mano en mi nuca… Olvidando todo lo que nos rodea y sonriendo por tenerte tan cerca.