Tal vez os pique la curiosidad por saber cómo se conocieron Erika y Víctor, y como empezó la historia de sus vidas. Os puedo decir que a Erika le encantaban los niños, se volvía loca con ellos. También os puedo decir que tenía otra hermanastra (además de Lily) que se llamaba Raquel. A diferencia de Lily, Raquel era hermana aunque no tenían la misma madre. Ella era hija de Héctor, el padre de Erika, y Rachel, la madre de Lily. Aunque no se pasan todo el tiempo que a Erika le gustaría juntas, siempre la saca al parque por la tarde, y la encanta (sobre todo en primavera, cuando todo el parque está floreciendo, llenándose de vida por todas partes y ella sólo puede ver como su pequeña Raquel rebosa alegría por cada poro y sentir como el sol empieza a calentar y a tostar su piel mientras lo único que huele son flores). Allí se quedaba Erika, mirando a su pequeña disfrutar. Allí, también, se sentaba Víctor todos los días tras su salida matutina a correr. Nunca habían coincidido, hasta que él cambio su horario. Un día se sentó en su banco con ella (que tenía una sonrisa enorme porque Raquel estaba encima del tobogán, con un montón de niños, mirándola y saludándola). Víctor la miro, sólo durante el segundo que tardo en sentarse, y su sonrisa le hipnotizo. Él no sabía que tenía esa chica de especial, pero sabía que era algo. Si os soy sincera, ella ni se fijo en él… Estaba demasiado embelesada mirando a su pequeña corretear por allí, y era lo único que la llenaba de paz, que la hacía olvidar cualquier cosa (tal vez por eso la gustara tanto ir con Raquel al parque). Desde ese día Víctor cambió su horario, todos los días se sentaba al lado de aquella desconocida y tras varios minutos de descanso se iba sin recibir más que un “hola” y la sensación de felicidad que ella transmitía. Hasta que un día paso una pequeña “desgracia” que a ellos les cambió la vida: Erika estaba allí, sin quitarle la mirada de encima a Raquel. Igual sucedía con Víctor que no perdía detalle de cada movimiento de Erika. Cuando ya se iba a ir vio a la pequeña Raquel caerse del columpio (de lo que no se dio cuenta es de que Erika en ese preciso segundo estaba mirándole a él) con tan mala suerte que se dio con una piedra en la ceja haciéndose una brecha (cosas de niños). Erika salió corriendo, pero Víctor iba delante (de algo tenía que servir salir a correr todos los días) y se puso al lado de la pequeña antes que nadie, levantándola e intentando calmarla (ya sabréis como es de escandalosa la sangre). Mientras Erika intentaba coger a la niña, él cogió su botella y le limpio la sangre. Después dijo:
-Creo que deberías llevarla al ambulatorio, seguramente la pongan puntos.
-¿Estás seguro? –Pregunto con los ojos llenos de miedo-.
-Estoy estudiando enfermería, si te vale... –Contesto sonriéndola, intentando calmarla- Tengo el coche aquí al lado, si quieres os acerco rápido.
Ella asintió con la cabeza. La sangre había parado y Raquel aun lloraba mientras aquel chico la llevaba en brazos hasta el coche, con Erika pegada a ellos sonriendo a la niña y dándola mil besos. Al llegar allí la pusieron unos puntos. Cuando salieron del hospital a Raquel se le antojo un zumo, y lo pidió aun con cara de pena así que a Erika no le quedo otra que ir a por uno. A su vuelta se encontró a la pequeña riéndose a carcajadas con aquel chico desconocido mientras jugaban el uno con el otro sentados en el capó del coche.
-Ya se te paso el disgusto, ¿eh?
-Es que Víctor dice que soy muy valiente, y que he llorado poco. Que si hubiera sido él seguro que se desmallaba. –Erika sonrió mirándole y él la guiño un ojo-.
-Anda toma tu zumo –Dijo a Raquel, que se sentó en el interior del coche-. Me despiste –confeso con los ojos llenos de culpa- y cuando me di cuenta tú estabas delante y ya habías casi llegado. No sé cómo agradecértelo.
-Tal vez con una cena, no sé…
-Tal vez… -Contesto montándose en el coche-.
PD: Mucho tiempo desaparecida, y supongo que ahora un poquito más porque me voy de vacaciones y no se cuando podré actualizarlo. Muchas gracias a los que seguís pasando y a los que comentais. Un beso.
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sábado, 24 de julio de 2010
sábado, 15 de mayo de 2010
El principio del fin.
Os podría describir en el tugurio en el cual se encontraba Lily, pero seguramente que todo lo que dijera se quedaría corto. En realidad ese sitio estaba acorde con lo que era ahora el corazón de Lily, un sitio pequeño y mezquino que se sentía muy pobre y necesitado, desdichado, desgraciado e infeliz, y a ella sólo la apetecía estar ahí y sentirse querida por el hombre de turno (por ejemplo, le valía ese que estaba al final de la barra y que no apartaba su lasciva mirada de las piernas de la chica, o a lo mejor el camarero que a cada copa que la servía parecía estar invitándola a un revolcón rápido en el baño del local) al cual no dudaría en llevarse a su cama y echarle antes de que llegara el amanecer. Al principio de la noche sólo podía pensar en lo estúpido de su reacción, en el error que acababa de cometer, y en como huir hasta un lugar perdido. Tal vez esa noche se cogiera el primer barco que pasara por allí, aunque fuera un simple bote, y se iría a África. Cuando el alcohol empezó a quemarle la garganta sólo la venían recuerdos de Pedro, sólo hacía que las heridas le ardieran. Sólo podía recordar una noche como esa de varios años atrás, en la que se había ido a olvidar a Pedro con cualquier otro cuerpo y cualquier otro olor, pero aquella noche nada la había salido bien. Aquella noche fue al bar de siempre, se sentó en la barra y vio a un camarero que le sirvió lo mismo de siempre mientras ella miraba a su alrededor buscando a la próxima víctima de su juego… Pero en realidad esa noche no tenía ganas de estar de cacería y lo único que le apetecía era tomarse sus vodkas allí sentada apartada de todo lo que la dolía, por esto entenderéis lo que paso después y es que cuando Lily intento irse tenía la sangre y el cerebro colapsados de alcohol y lo único que pudo hacer fue llegar hasta la playa, sentándose en la arena dejando que las olas le mojaran los pies. Todo iba bien, lo mejor que podía ir, hasta que apareció Pedro.
-¿Qué haces aquí? –Dijo él sentándose a su lado con una sonrisa enorme-.
-Dar una vuelta.
-¿Y cómo es que no estás en tu amado bar?
-¿De verdad te importa? Anda, déjame… -Le replicó mientras se tumbaba completamente en la arena-.
-¿Cuánto has bebido, Lily? –Entonces el chico la intento coger para que se apoyara sobre él-.
-¡Qué me dejes! –Grito ella mientras se libraba de él a empujones, como buenamente podía-.
-¿Se puede saber qué te pasa? Porque no dejas que la gente que te quiere te ayude, ¿eh? Joder, ¿por qué estas tan borracha? Lily es que no te das cuenta, pero necesitas ayuda y si no me dices que te pasa no puedo ayudarte por mucho que quiera. –A él le dolía mucho pronunciar estas palabras y más si ella seguía intentando librarse de él a base de empujones, pero entonces ella ya no pudo más y comenzó a llorar abrazada al torso de él, sin decir nada-. Lily, ¿por qué no me lo cuentas?
-Llevo toda la vida enamorada de un chico, jamás pensé que llegaría a quererle tanto… Al principio creía que era una estupidez que no dudaría casi nada, después me di cuenta de que eso no era así que este amor me duraría para siempre, y como es imposible e irreal intento olvidarlo con esos hombres que a ti te gustan tan poco… Pero en días como estos me veo menos capaz que nunca, le necesito y él a mi no.
-Si él no te necesita no te merece, ¿me escuchas? –Dijo él mientras ella se levantaba y se quedaban frente a frente. Ella, con los ojos totalmente encharcados devolviendo litros y litros de agua salada a ese mar y con ríos de rímel recorriendo sus mejillas, bajo la cabeza y se apoyo en su pecho-. Aún llorando me pareces la chica más guapa que he conocido, pequeña, y si él tampoco ve eso peor para él porque no sabe lo que se pierde. No te agobies algún día le olvidarás.
-Eso es imposible, ¿sabes? Es imposible si siempre está a mi lado, si no me separo ni 5 centímetros de él. Joder, este puto sentimiento me esta matando…
-A lo mejor deberías alejarte, , aunque te duela mucho ahora te hará bien en un futuro.
-¿En serio piensas eso?
-Sí, creo que es lo mejor que podrías hacer… Él no te merece y si incapaz de alejarse de ti sabiendo que te hace daño… -Se quedo unos minutos en silencio, como si estuviera pensando-. Pero, ¿tú le dijiste que le querías? ¿Lily?
Efectivamente, se había quedado dormida acurrucada en su pecho, escuchando su respiración, abrazada a su cuerpo y aun dormida, lloraba. Él decidió llevarla a casa y la acompaño hasta su cuarto, abriéndola la cama. Ella se metió.
-¿No te vas a poner el pijama?
-Sí, –contesto ella bajito- pero date la vuelta.
En realidad el pijama de Lily era una camiseta vieja que él la había regalado y unos pantalones muy cortos.
-Pedro, oye Pedro…
-¿Qué te pasa?
-No puedo desabrocharme el vestido –Dijo levantándose y poniéndose delante de él con su camiseta en las manos-. ¿Me podrías ayudar?
Pedro comenzó a bajarle la cremallera y cuando acabo ella se quito el vestido sin dudar quedándose sólo con unas preciosas bragas de encaje y dejándolo caer sobre sus pies. Mientras se ponía la camiseta se dio la vuelta, asustándose porque aún le tenía muy cerca y no lo esperaba. Se habían quedado a escasos centímetros y como por instinto se besaron. Ella le quito la camiseta y le agarró alrededor del cuello, mientras se enganchaba a su cintura y él tenía las manos puestas en su espalda deleitándola con millones de caricias y con miles de besos deslizándose por su cuello. Fue entonces cuando él cayó sobre la cama y ella se quito la camiseta que acababa de ponerse yendo junto a él para tener por fin entre esas sábanas alguien al que permitiría que dejara su olor, y su pijama también. Ella comenzó a perderse por los miles de lunares que tenía en la espalda, intentando recordar cada uno de ellos, mientras le quitaba el cinturón con los ojos inyectados en pasión. Él descubrió un lunar con forma de corazón que tenía detrás de la oreja y decidió perderse por todas las curvas de su cuerpo. En ese momento llamaron al teléfono de Pedro.
-Déjalo, apágalo… -Suplico Lily al ver que era Erika, pero el chico contestó-.
-¿Pedro? Soy Erika, ¿podemos vernos? No puedo dormir, y necesito hablar.
Al oír su voz Pedro paró, en seco, como si se hubiera dado cuenta de muchas cosas a la vez, y sólo dijo un “ahora nos vemos”. Entonces se levantó y recogió su camiseta. Lily, ya consciente de todo, se puso la camiseta de nuevo y unos pantalones que no se había llegado a poner y se sentó. El chico la miro y empezó a reírse.
-Creo que debo irme, no quiero convertirme en uno de tus ligues de una noche, aunque creo que ya les entiendo… Pobre chicos, ¿cómo les puedes hacer estas cosas? Es flipante. –Iba comentando al coger el cinturón mientras se reía-. Bueno, entonces te encuentras mejor, ¿no?
Hasta aquí había llegado lo máximo que ella había vivido con él, y ahora iba a seguir su consejo (por imposible que pareciera), Pedro había dejado de existir. Ahora ya sólo la quedaban besos sin nombre, y sonrisas sin remitente. Ahora ya sólo la quedaba el chico de la barra, o el baño del bar (que esa noche tuvo a la mejor Lily que había visto). Cumpliría su promesa, pasaría página. Él había sido su gran amor, pero sólo hasta ahora (o eso pensaba ella).
-¿Qué haces aquí? –Dijo él sentándose a su lado con una sonrisa enorme-.
-Dar una vuelta.
-¿Y cómo es que no estás en tu amado bar?
-¿De verdad te importa? Anda, déjame… -Le replicó mientras se tumbaba completamente en la arena-.
-¿Cuánto has bebido, Lily? –Entonces el chico la intento coger para que se apoyara sobre él-.
-¡Qué me dejes! –Grito ella mientras se libraba de él a empujones, como buenamente podía-.
-¿Se puede saber qué te pasa? Porque no dejas que la gente que te quiere te ayude, ¿eh? Joder, ¿por qué estas tan borracha? Lily es que no te das cuenta, pero necesitas ayuda y si no me dices que te pasa no puedo ayudarte por mucho que quiera. –A él le dolía mucho pronunciar estas palabras y más si ella seguía intentando librarse de él a base de empujones, pero entonces ella ya no pudo más y comenzó a llorar abrazada al torso de él, sin decir nada-. Lily, ¿por qué no me lo cuentas?
-Llevo toda la vida enamorada de un chico, jamás pensé que llegaría a quererle tanto… Al principio creía que era una estupidez que no dudaría casi nada, después me di cuenta de que eso no era así que este amor me duraría para siempre, y como es imposible e irreal intento olvidarlo con esos hombres que a ti te gustan tan poco… Pero en días como estos me veo menos capaz que nunca, le necesito y él a mi no.
-Si él no te necesita no te merece, ¿me escuchas? –Dijo él mientras ella se levantaba y se quedaban frente a frente. Ella, con los ojos totalmente encharcados devolviendo litros y litros de agua salada a ese mar y con ríos de rímel recorriendo sus mejillas, bajo la cabeza y se apoyo en su pecho-. Aún llorando me pareces la chica más guapa que he conocido, pequeña, y si él tampoco ve eso peor para él porque no sabe lo que se pierde. No te agobies algún día le olvidarás.
-Eso es imposible, ¿sabes? Es imposible si siempre está a mi lado, si no me separo ni 5 centímetros de él. Joder, este puto sentimiento me esta matando…
-A lo mejor deberías alejarte, , aunque te duela mucho ahora te hará bien en un futuro.
-¿En serio piensas eso?
-Sí, creo que es lo mejor que podrías hacer… Él no te merece y si incapaz de alejarse de ti sabiendo que te hace daño… -Se quedo unos minutos en silencio, como si estuviera pensando-. Pero, ¿tú le dijiste que le querías? ¿Lily?
Efectivamente, se había quedado dormida acurrucada en su pecho, escuchando su respiración, abrazada a su cuerpo y aun dormida, lloraba. Él decidió llevarla a casa y la acompaño hasta su cuarto, abriéndola la cama. Ella se metió.
-¿No te vas a poner el pijama?
-Sí, –contesto ella bajito- pero date la vuelta.
En realidad el pijama de Lily era una camiseta vieja que él la había regalado y unos pantalones muy cortos.
-Pedro, oye Pedro…
-¿Qué te pasa?
-No puedo desabrocharme el vestido –Dijo levantándose y poniéndose delante de él con su camiseta en las manos-. ¿Me podrías ayudar?
Pedro comenzó a bajarle la cremallera y cuando acabo ella se quito el vestido sin dudar quedándose sólo con unas preciosas bragas de encaje y dejándolo caer sobre sus pies. Mientras se ponía la camiseta se dio la vuelta, asustándose porque aún le tenía muy cerca y no lo esperaba. Se habían quedado a escasos centímetros y como por instinto se besaron. Ella le quito la camiseta y le agarró alrededor del cuello, mientras se enganchaba a su cintura y él tenía las manos puestas en su espalda deleitándola con millones de caricias y con miles de besos deslizándose por su cuello. Fue entonces cuando él cayó sobre la cama y ella se quito la camiseta que acababa de ponerse yendo junto a él para tener por fin entre esas sábanas alguien al que permitiría que dejara su olor, y su pijama también. Ella comenzó a perderse por los miles de lunares que tenía en la espalda, intentando recordar cada uno de ellos, mientras le quitaba el cinturón con los ojos inyectados en pasión. Él descubrió un lunar con forma de corazón que tenía detrás de la oreja y decidió perderse por todas las curvas de su cuerpo. En ese momento llamaron al teléfono de Pedro.
-Déjalo, apágalo… -Suplico Lily al ver que era Erika, pero el chico contestó-.
-¿Pedro? Soy Erika, ¿podemos vernos? No puedo dormir, y necesito hablar.
Al oír su voz Pedro paró, en seco, como si se hubiera dado cuenta de muchas cosas a la vez, y sólo dijo un “ahora nos vemos”. Entonces se levantó y recogió su camiseta. Lily, ya consciente de todo, se puso la camiseta de nuevo y unos pantalones que no se había llegado a poner y se sentó. El chico la miro y empezó a reírse.
-Creo que debo irme, no quiero convertirme en uno de tus ligues de una noche, aunque creo que ya les entiendo… Pobre chicos, ¿cómo les puedes hacer estas cosas? Es flipante. –Iba comentando al coger el cinturón mientras se reía-. Bueno, entonces te encuentras mejor, ¿no?
Hasta aquí había llegado lo máximo que ella había vivido con él, y ahora iba a seguir su consejo (por imposible que pareciera), Pedro había dejado de existir. Ahora ya sólo la quedaban besos sin nombre, y sonrisas sin remitente. Ahora ya sólo la quedaba el chico de la barra, o el baño del bar (que esa noche tuvo a la mejor Lily que había visto). Cumpliría su promesa, pasaría página. Él había sido su gran amor, pero sólo hasta ahora (o eso pensaba ella).
miércoles, 10 de febrero de 2010
Y ahora... Erika.
Erika tiene un corazón frágil, pero lo disimula detrás de cada sonrisa fingida, y la verdad, es que ya no parecen tan fingidas porque se ha acostumbrado a su presencia, al frío que desprenden, al dolor que causan. ¿El motivo? Desde que era una niña sufría las peleas de sus padres, los gritos dolorosos, pensamientos que la torturaban… Y cuando sólo tenía cinco años tuvo que vivir su ruptura, tuvo que ver como se separaban las dos personas a las que más quería, tuvo que dejar de llevar la vida de niña normal por la vida de una niña que dejo de creer en el amor porque no se imagina que es, y tampoco quiere saberlo. Sólo sabe que la gente que lo sufre se atonta, deja de pensar por sí mismo y que al final todo es dolor y lágrimas con sabor a despedida. Nadie jamás la ha visto llorar, ni tras la muerte de su querida abuela derramo una lágrima, y todo el mundo está esperando al día en que la de por llorar porque saben que ese día saldrá un océano de esos oscuros ojos. Bueno, es mentira… Sí que llora, con las películas de amor derrama cuatro gotitas y se las seca antes de que nadie llegue a verla. A lo mejor por este motivo estáis pensando que Erika es una chica triste, pero os equivocarías… Ella siempre ha tenido la confianza de que todo iría a mejor, de que sus sonrisas se curarían, ella siempre ha sentido la seguridad de que cambiaría de opinión. Y él lo cambio (pero es demasiado pronto para hablaros de Víctor). Erika vivía de ilusiones, seguía siendo una niña encerrada en el cuerpo de un adulto. No quería crecer pero sabia comportarse perfectamente cuando eran temas de “adultos” y parecía más madura que todos con los que estuviera hablando. Si os tengo que ser sinceros os diré que ella utilizaba a los chicos a su antojo, a lo mejor por la ternura mezclada con valentía que reflejaban sus ojos o tal vez fuera porque contagiaba esa inocencia a cualquiera que pasara por delante. Mi teoría es que ella les enamora por su belleza. Sería incapaz de describiros a Erika pero os aseguro que si os la cruzarais por la calle os enamorarías de ella. Si tuviera que deciros como era os diría que no era una belleza resultona (como la de Lily), es una belleza especial, es una belleza que podrías ver aunque a ella le diera por llorar y se le quedaran las mejillas negras de rímel, es la clase de belleza de la que te enamoras cuando la ves despeinada y recién despertada, y que te deja con la boca abierta cuando se arregla un poco y con la que nadie puede competir, pero ella tampoco era de arreglarse. Tenía los ojos negros (como los de una noche sin luna) pero con brillos (que se parecían a pequeñas estrellas fugaces) y una sonrisa perfectamente alineada. Seguramente esto era lo que de verdad atraía la mirada de todos, pero ella no quería a ninguno. Esto sólo se puede aplicar hasta el día que conoció a Víctor (historia que os contare más adelante) y se dio cuenta de que estando con él no dolía tanto el amor, ni las sonrisas frías, y las lágrimas también podían ser de felicidad y no un síntoma de debilidad. Él fue ese cambio que ella necesitaba, esa manera de ver la vida, esas lluvias que te llenan de vida… Él era el típico príncipe de cuento de hadas (pero todos los príncipes salen ranas) y la hizo disfrutar de un amor de primavera que jamás nadie podría imaginar, aunque ese amor prometía durar cualquier estación que quisiera enfrentarles. Gracias a Víctor ella también pudo conocer cómo se siente alguien cuando le rompen el corazón, recordó que no lloraba porque las lagrimas no calman ese dolor (y escuecen demasiado), y la sensación de que el respirar es algo secundario. Con él supo lo que es el amor pero también el desamor, el engaño, las mentiras, el amor prohibido… Y gracias a ello Erika aprendió y mucho. Dejo de ser una chica con miedo al compromiso, o al amor. Dejo de dolerle el encariñarse con alguien, aprendió a sonreír de corazón (consiguiendo que su alrededor sintiera la calidez de su sonrisa), aprendió que no podía hacer daño a los que quería y que la vida es un juego en el cual no sólo dependes de ti. Y os contaría ahora mismo que paso entre Erika y Víctor, o qué le hizo él y cómo actúo ella después… Pero yo creo que podréis esperar.
miércoles, 20 de enero de 2010
Lily, ¿o Elisabeth?
Creo que hasta ahora no me he parado a hablar de Lily, habras imaginado que viene de Elisabeth, y te puedo asegurar que este diminutivo cariñoso que sus padres la pusieron irradia de todo menos inocencia. Cuando ella tenía 10 años tal vez si encajará, pero actualmente Lily odia la inocencia, las creencias, odia las sonrisas falsas, odia los juegos tontos (excepto si son en la cama), y por encima de todo odia el amor. Pero esto tiene una explicación, como en cualquiero otra historia. ¿Recordais que a los 10 años era una niña normal, inocente, llena de alegría…? Se debía a que ella creía haber encontrado el amor verdadero. Era su fiel amigo, su “hermano” mayor (un año mayor), al que le contaba sus más intimos secretos (aunque nunca le dijo lo mucho que le quería, eso sería una locura) y con el que se iba de excursión a las peligrosas cuevas de la playa donde se tomaban las galletitas con trozos de chocolate que tanto les había costado preparar la tarde anterior, una tarde en la que la pequeña Lily no podía parar de dar botes de alegría, de planear miles de cosas, y cuya sonrisa hacia que hasta el sol se sintiera avergonzado de lo poco que brillaba. Un día de verano decidieron hacer una de sus excursiones y Lily esperaba que esa tarde Pedro la diera su primer beso. Se imaginaba un beso de película: tan romántico y único, un beso que convierte a cualquier chica en princesa… Lo que no esperaba Lily es que esa tarde llegaría su hermanastra Erika. ¿Tampoco os he hablado de Erika? Normal, ella es díficil de describir y creo que necesitaría mucho más espacio… Ahora centremonos en Lily (porque como se entere de que hablo de su “querida” hermanastra seguramente desee matarme). No se si sabreis que, a pesar, de que la madre de Lily tuvo que criarla soltera, la pequeña Eli (como la llamaban a veces) creía en el amor pero exclusivamente porque Pedro la había hecho creer. Como iba diciendo, Erika llego esa precisa tarde, una tarde en la que Lily dejaría de tener fe ninguna en el amor y se entregaría a caricias desgastadas y besos sudados que encontrara en cualquier bar. Cuando Pedro vio a Erika se enamoro irremediablemente de ella. Lo sé, el destino es muy cruel cuando quiere. Ese día Lily comió sus galletas sola en la cueva, mientras las lágrimas le daban un gusto más amargo de lo que ya la parecía. Mientras, Pedro no podía apartar la mirada de Erika, sin fijarse en nada más y deseando únicamente conocer todos los detalles de aquella chica. Ese día Lily se prometió no querer a ningún chico en la vida. Pocos años despues se fue en busca de amor barato de cualquier bar, con sabor a alcohol, y con fecha de caducidad. Alguien que surgiera de cualquier roce tonto, cualquier hombre que pudiera engatusar, y te puedo asegurar que los tiene locos. No permite que sus sábanas huelan a cualquier colonia (Aunque a Pedro si le permite entrar, pero sólo para contarse más secretos), tampoco que su cuerpo se estremezca con cualquier susurro, ni que sus lágrimas se derramen en las noches más solitarias, cuando esos hombres sin nombre desaparecen sin ser ni si quiera invitados a un zumo. No se permite soñar con él, pero si olvidarle con otros cuerpos. No se permite comer galletas de chocolate, aunque algunas noches sí que la veo como coge su bici con su vieja cesta y deja un triste olor a galleta por toda la casa.
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